Venezuela quería Super Tucanos brasileños. Las piezas estadounidenses lo vetaron.
Las autoridades brasileñas citaron tecnología estadounidense en la venta propuesta de Embraer; después, Venezuela compró entrenadores chinos K-8.

Los F-16 de Venezuela eran de fabricación estadounidense. Los aviones de entrenamiento de reemplazo eran chinos. Lo decisivo fue que el cableado intermedio quedó sujeto al veto.
El 13 de marzo de 2010, Reuters informó que Venezuela había probado seis aviones chinos K-8 de entrenamiento y ataque ligero para misiones de defensa y antidroga. El presidente Hugo Chávez había ordenado 18 de esas aeronaves después de que fracasara un plan para comprar aviones similares de la brasileña Embraer, al parecer porque los aparatos brasileños incluían sistemas eléctricos estadounidenses.
La compra se enmarcó en una disputa más amplia sobre apoyo logístico. Reuters dijo que Venezuela había adquirido unos 20 cazas F-16 de fabricación estadounidense, pero que las aeronaves se estaban oxidando por culpa de un embargo de armas de EE. UU. que comenzó en 2006. El informe no dijo que todos los F-16 estuvieran inmovilizados. Sí vinculó la pérdida del apoyo estadounidense con la búsqueda de equipos en China y Rusia.
La diferencia entre ambas familias de aeronaves importa. El K-8 era un entrenador y avión de ataque ligero. El F-16 era un caza. Reuters dijo que los aviones chinos se usarían para entrenar pilotos e interceptar a narcotraficantes, no que sustituyeran al F-16 en todas las misiones. Una compra puede cubrir una función y dejar sin resolver otra capacidad.
El episodio también mostró cómo un componente puede bloquear una plataforma extranjera. Embraer era el vendedor brasileño propuesto. El obstáculo señalado era el equipo eléctrico estadounidense instalado dentro del avión. Brasil no podía simplemente considerar la plataforma como enteramente brasileña e ignorar las normas de exportación vinculadas a ese equipo. Venezuela recurrió entonces a China después de fracasar la vía brasileña.
Durante la ceremonia pública, Chávez dio las gracias a China y dijo: “El imperio quería dejarnos desarmados”. Esa fue su respuesta política, no una medida independiente de la preparación venezolana. Funcionarios presentes en el acto dijeron que los K-8 servirían para entrenar pilotos e interceptar narcotraficantes que usaban Venezuela como punto de tránsito para cocaína desde Colombia hacia Estados Unidos, Europa y África.
Reuters situó la compra de aeronaves junto a otras adquisiciones chinas y rusas. Venezuela había comprado una red de diez radares chinos. Además, había gastado unos 4.000 millones de dólares en armas rusas, incluidos cazas, según el informe. Las compras se describieron como una sustitución de la capacidad de vigilancia y de los F-16 afectados por el embargo estadounidense. El artículo no ofrece una comparación plataforma por plataforma ni establece que los aviones rusos restablecieran la misma capacidad en el mismo plazo.
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