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Volver a Veto the VetoSAU-03

Los F-35 previstos para Arabia Saudí no igualarían a los de Israel

Reuters informó de que una venta estadounidense prevista daría a Arabia Saudí F-35 sin algunas de las funciones avanzadas disponibles para Israel, cuyos aviones pueden incorporar armas integradas localmente y modificaciones de guerra electrónica. Aún quedaban la revisión formal de la ventaja militar cualitativa y la aprobación del Congreso.

EstadoArabia Saudí
SistemaAdquisición prevista de F-35
Mecanismorestricción de adquisición y licencias
Sala de materiales de laboratorio en Arabia Saudí con equipos de la adquisición prevista de F-35 y una cadena de suministro contenida.
Reconstrucción representativa de la adquisición prevista de F-35 en Arabia Saudí, que refleja cómo la diferenciación de capacidades exigida por ley configuró el caso documentado.

Los aviones llevarían el nombre F-35. No llevarían todas las funciones disponibles para Israel.

Reuters informó el 19 de noviembre de 2025 de que Estados Unidos planeaba vender cazas F-35 a Arabia Saudí con una configuración menos avanzada que la de los aviones operados por Israel. Funcionarios y expertos estadounidenses citaron el requisito de Estados Unidos de preservar la ventaja militar cualitativa de Israel. El informe dijo que antes de cerrar la venta sería necesaria una revisión formal de esa ventaja y que normalmente el Congreso tendría que aprobar la operación.

No era una entrega completada. Era una venta prevista, anunciada durante la semana del informe, todavía sujeta a los procedimientos que rigen una gran transferencia de armas estadounidense. La información disponible no acredita un contrato saudí firmado, un calendario de entregas, un precio final ni un escuadrón saudí de F-35 operativo.

La diferencia con la flota israelí también se describía al nivel de las funciones avanzadas, no como una especificación completa. Reuters informó de que los aviones saudíes carecerían de algunas funciones superiores. El relato de Al-Monitor sobre la información de Reuters identificó ejemplos de los permisos especiales de Israel, como integrar sus propias armas y añadir capacidades de interferencia de radar y otras mejoras que no requieren aprobación estadounidense. Esos detalles no deben convertirse en una lista definitiva de carencias saudíes. La configuración final seguía pendiente de revisión.

El mecanismo político es el hecho importante. Estados Unidos puede vender la misma plataforma general a dos socios y ofrecerles distintos niveles de autoridad, integración y equipos. Israel opera el F-35 desde hace años y tiene permisos singulares para modificar sus aviones. La compra propuesta por Arabia Saudí se negociaría, por tanto, dentro de una regla regional existente, no como una operación sencilla en la que el cliente elige del catálogo un avión idéntico.

La regla no equivale a una negativa. La posición atribuida a Washington era que Arabia Saudí podía recibir los aviones en una configuración que preservara la ventaja israelí. La restricción operaba mediante la versión ofrecida, las armas y sistemas asociados y el proceso de aprobación. Una venta puede avanzar mientras al comprador se le niegan los elementos más sensibles de la configuración de un socio.

La distinción importa para las expectativas del comprador. El nombre público de una plataforma no revela sus permisos de software, equipos de guerra electrónica, integración de armas ni libertad para modificar el sistema. Esas funciones pueden determinar qué puede hacer el avión y con qué rapidez puede adaptarlo su operador. Sin embargo, la información consultada no cuantifica la diferencia entre el avión saudí previsto y la flota israelí. No muestra que la configuración saudí fuera débil, inutilizable o inferior en todas las misiones.

También había un obstáculo político más allá de la configuración técnica. Reuters dijo que normalmente se necesitaría la aprobación del Congreso y que aún no se había realizado la revisión formal de la ventaja militar cualitativa. El apoyo de Israel en el Capitolio se señaló como posible obstáculo, pero era una valoración oficial del proceso político, no una prueba de que el Congreso hubiera rechazado la venta.

El caso no debe escribirse como si Israel hubiera vetado la compra saudí o Washington hubiera rechazado sin más la petición de Riad. La decisión documentada era más precisa. Estados Unidos planeaba poner los aviones a disposición, reservándose el derecho a conservar una brecha de capacidad. El cliente solo podía comprar la plataforma dentro de una jerarquía regional fijada por el proveedor.

Esa jerarquía puede ser legal y deliberada desde el punto de vista estratégico. Sigue siendo un límite al control del comprador sobre aquello que compra. Hasta que terminaran la revisión de la ventaja militar cualitativa, la actuación del Congreso, el contrato y la entrega, la brecha final era una promesa política, no una diferencia de rendimiento observada.

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